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Ambiesta Sozial

La mitad de los usuarios del albergue municipal es inmigrante

Los rumanos son el colectivo que más ha aumentado en los últimos dos años, mientras la proporción de magrebíes se estanca.

Fuente.- Heraldo de Aragón / 26 de enero de 2004 // Diosdan toma el sol en el patio del albergue. Espera a que esta mañana venga un amigo a buscarle y a arreglar unos asuntos para poder volver a su país. Este guineano de 51 años vino hace unos meses a ver a unos familiares y a tratarse una enfermedad. Por unos días, ha encontrado su casa en el albergue municipal. Es una historia de las 3.727 que pasaron el año pasado por el albergue. Más de la mitad de los usuarios es inmigrante.

En la puerta de las duchas hay fotocopias de pasaportes de todo el mundo: la India, Ghana, Irán, Honduras, Estonia, Cuba, Jordania, Rusia, China, Dinamarca, Nigeria... Son la huella que han dejado los usuarios de todos los rincones del mundo que han pasado por aquí.

En 2003, utilizaron los servicios del albergue 1.987 extranjeros, un 53% del total. La cifra más alta de inmigrantes se alcanzó en 2001 (2.752 extranjeros, un 63,21% del total). "El fenómeno de la inmigración es más estable y normalizado. Ya no llegan en oleadas como hace unos años, que nos pilló a todos descolocados. Además, ahora cuando vienen, pueden ir a casas de amigos y familiares", explica el director del albergue, Gustavo García, las razonas del descenso del número de extranjeros.

La presencia de rumanos es la que más ha crecido en los últimos años. En 2003, 457 personas de esta nacionalidad (un 12,2% del total) pasaron por el albergue. En un año, de 2001 a 2002, los rumanos aumentaron un 481% (de 80 a 465 personas).

Los magrebíes, que fueron los primeros en llegar al albergue a principios de los noventa, se han estancado. En 2003, pasaron por el centro 646 marroquíes y 253 argelinos. Otros 104 ciudadanos africanos se alojaron el año pasado.

El albergue está más lleno en verano que en invierno. "Es un centro que atrae a muchos temporeros y personas que están de paso en busca de trabajo", afirma Gustavo García. Así, los momentos de mayor ocupación se viven cuando comienza la campaña de la fruta y en el Pilar, con la vendimia.

El albergue también tiene sus ritmos. Por la mañana, el patio está casi vacío y sólo se ve a algún solitario. En torno a la una, van llegando todos al olor de la comida. El patio bulle y en cada esquina se cuenta una historia.

Rabah, argelino de 29 años, acaba de llegar y descansa en un banco. Está afincado en Jaén y ha venido en busca de trabajo. Héctor, chileno de 73 años cuenta que se exilió hace más de 30. "Por circunstancias de la vida" se quedó en la calle y acudió al albergue. Alfredo, español que vivió en Suecia, canta en otra esquina. Historias.

Paula Figols

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